Empiezo mi post con esta frase de Plinio el Joven: “Acostumbramos a emprender largos viajes y a navegar por anchos mares para ver cosas que, cuando las hemos tenido bajo nuestros ojos, olvidamos." Y es que calza perfecto con mi relato, por muchos motivos.
Uno: porque soy una viajera empedernida y aunque como ya les he contado en “Simplemente Volar”, me encanta subirme al avión y despegar. Pero ahora he confirmado que no siempre uno tiene que viajar tan lejos de donde vive para disfrutar, maravillarse e incluso asombrarse con los paisajes naturales que están a nuestro alrededor.
Dos: porque siempre soñé estar en el desierto. Y esta vez me he topado con un desierto majestuoso con gigantes dunas de arena dorada, incluso más grandes de las que vi en el famoso “desierto del Sahara” y recién lo descubro.
Y es que eso suele pasar a veces, nos olvidamos de lo que hemos tenido bajo nuestros propios ojos y no hemos sabido valorarlo por uno u otro motivo. Aquí les dejo esta grata sorpresa que he tenido para que no les pase lo que a mí me ha pasado, tantos años tan cerca de esta maravilla y sin ir a verla, y a los que viven fuera de Perú, pues los invito a venir y visitar este imperdible lugar.
- El oasis de huacachina
El oasis en el desierto de Huacachina está ubicado a unos cinco kilómetros de la ciudad de Ica y a unas cuatro horas de la ciudad de Lima en el Perú. Es una pequeña laguna que se encuentra rodeada por palmeras en medio de unas grandes dunas que parecen uno de los famosos cuadros surrealistas de Dalí.
Además cuenta con un clima cálido todo el año, es un paseo extraordinario para hacer deportes de aventura como los buggies y el sandboard. Tienen que contratar el servicio de buggies que está 60.00 soles ($21.00 aproximadamente) por persona que incluye el traslado, ir por las dunas por casi dos horas y hacer sandboard. En la entrada al desierto se encontrarán con una persona que cobrará 3.50 soles ($1.25) por persona.
Es el plan perfecto para ir en familia o con un grupo de amigos. Apenas suben a los buggies sentirán la adrenalina recorrer por sus venas, estos carros descubiertos van a toda velocidad para poder subir y trepar las grandes dunas y no quedarse atorados en ellas, por momentos me sentía como en una montaña rusa, subíamos, subíamos, subíamos y luego de pronto cuando me atrevía abrir los ojos, simplemente no veía nada más que el vacío y en ese momento bajábamos a toda velocidad y yo desfogaba todo el estrés acumulado de años…
Hicimos paradas en algunos puntos de donde nos lanzamos con la tabla para hacer sandboard, debo admitir que vencí mi miedo y lo logré aunque por momentos sentía que no iba a sobrevivir (exagero).
No es necesario saber hacer este deporte, simplemente atrévanse y verán lo bien que lo pasarán. Para que lo disfruten aún más, les recomiendo ir con ropa cómoda y zapatillas ya que en muchas ocasiones se enterrarán como yo lo hice y no está demás una casaca si van por la tarde.
El paseo dura casi dos horas, inició a las 16:30 horas y es la hora que más recomiendo ya que podrán ver la puesta del sol y ver los grandes cerros brillar. Finalmente llega el momento de la bajada, y ahí frenamos un momento para poder fotografiar el oasis desde la parte superior.
(Si les quiero pedir que por favor no dejen nada de basura en el camino porque no hay basureros, así que guarden los desechos o botellas hasta el final).
Esa noche no pude hacer mucho más por el cansancio que llevaba encima de tremenda aventura, pero al día siguiente visitamos un poco más de este lugar, leímos la leyenda de este lugar y nos fuimos a conocer Ica para luego partir a Lima nuevamente.
Recuerden: “Viajar no es solo salir al extranjero, viajar es visitar el centro de la ciudad donde vivimos, conocer los estados con los que colindamos, descubrir los pequeños pueblos…eso también es viajar”